Un cocodrilo tuvo un «parto virgen» en Costa Rica. Esto es lo que significa para la ciencia

(CNN) — Científicos aseguran haber documentado el primer «parto virgen» de un cocodrilo. Y aunque el concepto puede sonar extraño para los humanos, este tipo de reproducción no es del todo inaudito en el reino animal, según los investigadores.

El cocodrilo en cuestión —Coquita— vivió solo en un zoológico de Costa Rica llamado Parque Reptilandia durante 16 años, antes de poner una nidada muy especial de huevos en 2018. Más tarde se descubrió que uno de esos huevos contenía un feto de cocodrilo completamente formado, a pesar de que Coquita había vivido prácticamente toda su vida aislada. No hay casi ninguna posibilidad de que se hubiera juntado con cocodrilos macho.

Fue una prueba clara —presentada por primera vez en un artículo publicado en la revista Biology Letters el 7 de junio— de que los cocodrilos son capaces de un tipo de reproducción llamado partenogénesis, en el que los huevos no fertilizados pueden producir descendencia.

No es extraño que los reptiles que viven en cautiverio pongan huevos, pero «dado el periodo de aislamiento, normalmente se considerarían no viables y se desecharían», según el estudio. Sin embargo, tras iluminar con una linterna los 14 huevos de la nidada de Coquita, los expertos determinaron que siete podían ser viables y optaron por incubarlos artificialmente.

Al final, sólo hubo una cría completamente formada entre esos siete huevos viables. Nunca eclosionó y nació muerto.

Pero una escama del feto fue enviada desde Costa Rica al Dr. Warren Booth, coautor del nuevo estudio e investigador del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia. Booth —que ha estudiado la partenogénesis durante más de una década—es la persona a la que suelen llamar otros expertos en el mundo de los reptiles cuando sospechan que un animal se ha reproducido sin aparearse.

Booth pudo secuenciar el ADN del cocodrilo nacido muerto y confirmó que, efectivamente, había sido producido por partenogénesis, con una composición genética que coincidía en un 99,9% con la de su madre.

«Estos resultados sugieren, por tanto, que debería evaluarse la viabilidad potencial de los huevos cuando no hay machos», señala el estudio.

Nacimientos vírgenes a lo largo de la historia

Los científicos saben desde hace más de un siglo que algunos animales son capaces de engendrar crías sin fecundación masculina. Según Booth, el primer caso del que se tiene constancia se observó en palomas, aunque no se identificaron inmediatamente fetos viables.

Desde entonces, la partenogénesis se observó en una gran variedad de especies animales, sobre todo en serpientes. También se detectó en aves, lagartos, tortugas y tiburones. Ahora, por supuesto, los cocodrilos se unen a la lista.

Muchas de las crías así producidas están muy enfermas o débiles, según Booth.

Son, en esencia, «individuos muy endogámicos», afirma.

Las cartas genéticas tienden a estar en contra de los animales formados por este tipo de reproducción, pero «no es que ninguno pueda sobrevivir», añadió Booth. «Algunos de ellos ciertamente lo hacen».

Y las crías producidas por partenogénesis pueden seguir reproduciéndose, ya sea sexualmente o mediante más partenogénesis, dijo Booth, aunque señaló que no se ha publicado toda la investigación que hay detrás de estas observaciones.

La investigación sobre este tema evolucionó lentamente antes de cobrar una velocidad desorbitada en el siglo XXI con la llegada de la tecnología de secuenciación del ADN, añadió Booth.

Es muy probable que miles de especies de aves, reptiles y otros animales sean capaces de este tipo de reproducción. Muchos de los casos documentados se han dado en animales mantenidos en cautiverio.

«La razón por la que no se documenta mucho en poblaciones naturales es que la gente no lo busca», afirma Booth. Sin embargo, se están estudiando los genes de animales salvajes en busca de indicios de reproducción partenogénica.

Cómo funciona la partenogénesis

La partenogénesis no es exactamente una inmaculada concepción. Cualquier cría producida de esta manera comparte la mayor parte de su ADN con la madre.

Además, el proceso sólo puede darse en animales con determinados tipos de cromosomas y con la capacidad de transmitir genes de una manera específica.

En resumen, este tipo de reproducción no puede darse en humanos ni en otros mamíferos porque utilizan un tipo de impronta genómica que «requiere que un conjunto específico de genes sea activado por el macho y un conjunto específico de genes por la hembra» para formar un embrión, dijo Booth.

Al menos, no puede ocurrir en mamíferos de forma natural, señaló.

Los investigadores han logrado crear ratones nacidos por partenogénesis en un laboratorio, pero tuvieron que someterse a una «edición genética bastante extrema: activar y desactivar genes en el momento adecuado», explicó Booth.

Los cocodrilos no tienen cromosomas sexuales, añadió Booth. Y es probable que la cría partenogénica de Coquita —que era hembra— se formara así únicamente por la temperatura a la que se incubó el huevo.

Partenogénesis: un posible origen común

La partenogénesis en los cocodrilos representa un descubrimiento fascinante, según Booth, porque el método que utilizan es sorprendentemente similar al de las aves y a otros reptiles.

«Todos utilizan exactamente el mismo mecanismo celular para la partenogénesis», afirma Booth. «Es muy improbable que un mecanismo tan complejo como ése evolucione de forma independiente».

Eso significa, añadió, que es probable que los cocodrilos y las aves heredaran esta capacidad de sus parientes muy, muy lejanos: los dinosaurios.

«Es muy probable que los dinosaurios y los pterosaurios también tuvieran la capacidad de reproducirse partenogenéticamente», dijo, bromeando con que todo es muy reticente a «Parque Jurásico».

Sin embargo, sin el ADN de los dinosaurios, es probable que los científicos nunca puedan demostrarlo definitivamente.