Mayra Ramírez: análisis de su trabajo táctico en la Selección Colombia femenina – Fútbol Internacional – Deportes

Es un tesoro: 24 años, 1,78 m de estatura, experiencia internacional en Levante de España y parte de la Selección Colombia desde 2018, Mayra Ramírez es pieza fundamental e indiscutible. ¿Y por qué en el debut contra Corea, a pesar de la victoria 2-0, no se habló de sus goles en el Mundial Femenino de Australia y Nueva Zelanda?

Porque la función de una número 9, aunque se mida en celebraciones, no es excluyente con la obligación de ser solidaria en marca. Y es lo que tuvo que hacer el orgullo de Sibaté, Cundinamarca, 90 minutos en el que llaman en Sídney el ‘Aussie Stadium’.

“El partido fue muy físico, fue de lado a lado. Tuvimos una gran preparación que fue contra China, que fue un juego similar, vimos las fortalezas y las debilidades del equipo”, le dijo Mayra a DSports.

“El mensaje del técnico fue estar más seguras en la defensa, atacar por las bandas, que era el punto débil de ellas, y por ahí llegaron los goles”, agregó la delantera del Levante de España.

Seguro también ella soñó, en la víspera de la victoria contra Corea del Sur, que celebraría a rabiar. Y lo hizo pero por los goles de Linda Caicedo y Catalina Usme.

La importancia de Mayra Ramírez en el juego de Colombia

¿Por qué no le tocó esta vez? Porque su función, con el paso de los minutos, acabó transformándose.

Mayra empezó el juego en el área, su lugar habitual, pero fue poco a poco migrando hacia la banda derecha, como lo muestra su mapa de calor. Y eso fue para corregir un lío tremendo en el arranque: Bedoya y Arias fueron superadas en los primeros 20 minutos de juego por las veloces coreanas y la enorme figura de la número 9 se hizo necesaria para tapar ese costado y agregar presión a las rivales.

Ojo al dato: la delantera ganó 10 de 26 duelos, el registro más alto de la plantilla y la mejor descripción de cuánto le dolió la dificultad que pasaban sus compañeras. Ganó 4 de 11 regates, por las dudas.

Una jugadora tan potente, tan fuerte en el uno a uno y quien además es un peligro a la hora de la salida, era el comodín que necesitaba el técnico Abadía para corregir esas dificultades del arranque y encender una alerta más en el banquillo rival. Y ella no dudó nunca en ponerse ese overol.

Le alcanzó para sumar tres tiros, uno al arco, y dar un pase clave, lo que significa que tampoco es como que no pesó en absoluto en su tarea fundamental de atacar. Pero esta vez su equipo necesitó otra versión suya y ella lo hizo, sin más. No se queja ni cuando se fractura en pleno partido, no iba a protestar ahora. Así es ella. A nadie sorprende ya.

Jenny Gámez
Enviada especial de EL TIEMPO y Futbolred
Sidney (Australia)

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