La crisis en la Universidad de San Carlos de Guatemala generó una disputa pública entre el presidente Bernardo Arévalo y el diputado Samuel Pérez, quien actúa como aliado del Ejecutivo en el Congreso, y el desacuerdo gira en torno al alcance de las atribuciones presidenciales ante las denuncias vinculadas con la elección de Walter Mazariegos como rector, así como a los límites que fijan la Constitución y la autonomía universitaria.
Pérez puso en duda que el mandatario optara por aguardar los fallos judiciales antes de implementar acciones adicionales. Arévalo replicó que la Presidencia no tiene facultad para actuar más allá de sus atribuciones y afirmó que las palabras del legislador revelan un “problema de información” respecto a las competencias del Ejecutivo.
La discusión expone dos criterios sobre la forma en que el Gobierno debe responder a una controversia que permanece pendiente de decisiones judiciales. Ambos actores cuestionan la legitimidad de la gestión de Mazariegos, pero difieren en el tipo de actuación que corresponde impulsar desde el poder público.
Distinciones entre las atribuciones presidenciales
Samuel Pérez describió como “insuficiente” la postura de Arévalo de limitar las acciones del Ejecutivo a lo que resuelvan las cortes, y afirmó que la Presidencia ha rehuido emplear el “poder público” para aportar a una salida de la crisis universitaria.
Su crítica se dirige a la falta de una intervención más amplia por parte del Gobierno frente a la permanencia de Walter Mazariegos. Pérez considera que la respuesta presidencial no corresponde con el papel que, a su juicio, debería asumir el Ejecutivo ante el conflicto.
Arévalo rechazó ese planteamiento durante La Ronda. El mandatario indicó que existe desconocimiento sobre las facultades que la Constitución asigna al presidente y señaló que su administración debe respetar los límites legales de su actuación.
De acuerdo con la posición presidencial, cualquier actuación que rebase esas atribuciones podría comprometer la autonomía de la USAC. Por ello, el Ejecutivo ha decidido aguardar las resoluciones de las instancias jurisdiccionales y solicitar que las entidades competentes investiguen las denuncias surgidas durante el proceso de elección de rector.
La diferencia entre ambos funcionarios radica, en consecuencia, en cómo interpretan el alcance de la acción presidencial. Pérez defiende una actuación más decidida, mientras que Arévalo afirma que el conflicto debe gestionarse a través de los mecanismos legales vigentes.
Arévalo descarta acusaciones relativas a eventuales pactos
El presidente igualmente descartó la presencia de pactos encubiertos vinculados al proceso de selección de las autoridades universitarias, y Arévalo aseguró que tales acusaciones carecen de fundamento, atribuyéndolas a la ausencia de datos o a la “mala fe” de quienes las difundieron.
El mandatario afirmó que, desde la Presidencia, exhortó a las autoridades judiciales a indagar las denuncias sobre eventuales irregularidades y vulneraciones legales registradas durante el proceso electoral de la universidad, y al mismo tiempo reiteró que su intervención debe ajustarse estrictamente al marco constitucional.
Esta postura deja el avance del conflicto bajo la responsabilidad de las instituciones competentes en la resolución de los procesos judiciales, y para el Ejecutivo, acatar dichos procedimientos implica cumplir con la obligación de no inmiscuirse de manera directa en las decisiones internas de la universidad.
La postura de Pérez plantea una exigencia diferente. Aunque el diputado también ha recurrido a mecanismos judiciales, considera que el liderazgo presidencial puede desempeñar un papel de mayor alcance ante la situación de la USAC.
Perspectiva expone este episodio como la primera discrepancia pública entre el Ejecutivo y uno de sus principales aliados legislativos en torno a la crisis universitaria. La diferencia no gira en torno a cómo se evalúa la gestión de Mazariegos, sino a qué mecanismos deberían utilizarse para hacerle frente.
Pérez impulsa acciones judiciales contra Mazariegos
Mientras cuestiona la labor del presidente, Samuel Pérez impulsa una ofensiva judicial contra Walter Mazariegos, que incluye la presentación de denuncias penales por un presunto abuso de autoridad.
El diputado combina así sus críticas políticas con el uso de procedimientos legales. Su posición sostiene que la espera de las resoluciones judiciales no debería impedir que el Ejecutivo ejerza otras formas de liderazgo dentro de sus atribuciones.
Arévalo, por su parte, sostiene que toda decisión debe prevenir cualquier vulneración de la autonomía universitaria o una intervención susceptible de ser objetada por sobrepasar las facultades presidenciales. Su pronunciamiento refuerza una postura de cautela institucional sustentada en la separación de responsabilidades entre el Ejecutivo, las autoridades universitarias y los órganos de justicia.
La controversia introduce una tensión en la relación entre la Presidencia y uno de sus aliados en el Congreso. También refleja una diferencia sobre cómo debe utilizarse el poder estatal frente a una crisis institucional: mediante una intervención política más activa, como plantea Pérez, o mediante el respeto de los procesos judiciales y los límites constitucionales, como sostiene Arévalo.
La situación de la USAC continúa vinculada a las investigaciones y resoluciones pendientes. Mientras esas decisiones no se produzcan, la discusión entre ambos actores seguirá centrada en el alcance de la autoridad presidencial, la autonomía universitaria y las vías institucionales disponibles para atender las denuncias relacionadas con la elección de rector.

